Cuento de princesas·cuentos de hadas

… falta un cuarto de hora … nada más …

Para ti …

Sol y sombra, noche y día. Amigo, compañero y amante. La felicidad con nombre de hombre y no con nombre de mujer. El amor crepuscular que no siempre llega de la mano del amor adolescente. El vino joven que alimenta el alma y rasca la garganta en un intento por despertar sentimientos aletargados. La fuerza y el miedo del que vuelve a empezar. El suspiro de la princesa que se escapó del cuento. El sueño del que no puede dormir y las mariposas que en otoño se convierten en la fragancia de una primavera que se adelanta.

El beso que no llega y luego no se va. La piernas que me tiemblan y el camino de regreso. Me pierdo en mis pensamientos. Conducir para vivir. El cambio de sentido. 3 kilómetros y un desvío. Una rotonda y el maletero lleno de la seguridad del que sabe que algo ha comenzado a cambiar.

Tu me dices, yo te digo. Pizza, ensalada y de nuevo vino. Una imagen. Una foto. 5 minutos que recojo. Te espero, no tardes. Sofá, hijos y WhatsApps.

Callejuelas de Madrid que invitan a largos paseos. Mercados que nos unen bajo la premisa del estómago vacío. Arroz negro o hummus de naranja, ¿qué mas da?. Manteles que quitan el frío. Dos miradas que se cruzan. Dos sonrisas que se acarician. Dos palabras que brotan y no se pronuncian por el temor a saltarse los pasos de un protocolo que nunca nadie escribió. ¿Y qué puedo hacer yo?.

Un café que quiere ser eterno y una eternidad que huele a viento fresco. El Museo Reina Sofía. Tú firmeza, tus deseos y tus anhelos. Mis fisuras, mis despistes y mis recuerdos. Vivirte es un placer a las afueras o en el centro. 10 días sin sábanas de satén, sin pijamas ni ataduras, 10 días sintiéndome libre, 10 días de hermosa cordura.

Y el corazón en un puño, y el puño en el corazón. Mis mejillas coloradas. Momentos de pasión. ¿Ya sois novios, mamá? con insistencia preguntó, aquel niño en la distancia, sin saber qué ya había amor. Matadero de Legazpi, el rastro y una ilusión. Un anochecer que inspira. El Hotel Emperador. Y de nuevo dos palabras. Dos palabras y un qué se yo.

La admiración hacia quién se quiere. Alma pura y sin dolor. Así te pienso. Así te siento. Valiente y sin rencor. Sin dobleces. Transparente. Sin preguntas ni inquisición. Es tu tiempo, es tu momento. Sí, cariño, ya llegó. Vamos para adelante, no seré yo quien diga que no.

Desayunos que se alargan. Cepillos de dientes que se quedan. Fruta para empezar el día. Croissants que saben a miel y a melocotón. Ciruelas en vez de kiwis. Despertadores que no deberían sonar. Las ventajas de ser dos en el coche y la impaciencia de esperar.

¿Son las siete de la tarde? Dime que sí, yo ya no puedo más.

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